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Primer Conversatorio en el Festival de Teatro Contemporáneo 
Estadounidense

En aras de promover la reflexión y el intercambio sobre el quehacer teatral, en un encuentro dialógico entre creadores y espectadores, el I Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense invita a todos los interesados en el arte teatral, a los tres conversatorios que se llevarán a cabo en torno a los procesos creativos de las ocho obras programadas para esta fiesta del teatro.  El primero de ellos a realizarse este sábado 09 de agosto a las 11:00 am el la Sala El Dedal en la Concha Acústica de Bello Monte girará en torno al proceso creativo de las piezas“Pterodáctilos” y “Talk Radio” y tendrá como moderadora a Elena Broszkowski, representante de la Embajada de Estados Unidos en Caracas.

    Los próximos conversatorios serán el 6 de septiembre con los responsables creativos de las obras Buena Gente, El truco de la cama, Las casa del sí, conducidos por Jonathan Reverón; y finalmente el 11 de octubre con todo el elenco de La casa limpia, Hurly Burly y La Cocinera,donde la dramaturga Karin Valecillos fungirá como moderadora. 
COMPADRES  DE JAVIER VIDAL PRADAS UNA OBRA QUE NOS RECUERDA LA CIRCULARIDAD DE LA HISTORIA.



PublicArte  presenta  el domingo 25 de mayo a las 11 a.m en la Sala Cabrujas de la 3 avenida de Los Palos Grandes , su más reciente publicación de la colección dramaturgia: “Compadres” escrita por Javier Vidal Pradas.

Compadres la más reciente pieza teatral de este reconocido actor, periodista, dramaturgo, profesor y director teatral venezolano,  una obra  dramatúrgica que Ediciones PublicArte se ha apresurado en publicar ya que es un texto  que hay que conservar y que debe estar en las bibliotecas de todos aquellos que se sienten atraídos por los libros que testimonian la historia del país.

TEATRO A LA VISTA

Por Carlos Herrera
Luego de un necesario receso, se retoma la reflexión y el análisis del quehacer escénico constatado en las marquesinas del teatro caraqueño. Con una ausencia escrita cerca al mes y medio, he seguido asistiendo a lo que se oferta como propuestas escénicas dirigidas a distintos segmentos de consumidores -¡y vaya que lo que he constatado dice casi con un tono singular que lo que se ha expuesto y aun está en las marquesinas de los distintos circuitos y salas teatrales comerciales o no es bastante profuso; incluso me reafirma la sensación de poder afirmarle a algún teatrista que ostentamos un Festival no declarado!- y esto es sinónimo de que con o sin subsidios, con altas y bajas de calidad artística o sea teatro de arte o sencillamente “comercial”, la relación oferta / demanda hace a más de un espectador sentirse algo abrumado a la hora de escoger que ver cada fin se semana.

De mi parte, iré exponiendo comentarios desde lo confrontado porque como varios teatristas, la crítica debe asumir su rol y asumir la memoria, el análisis y la reflexión sobre los procesos de producción, circulación y consumo que, desde el acto teatral se vivencia en una urbe como la nuestra. Por ende, tanto este escrito como los subsiguientes buscarán sacar del tintero lo visto como propuestas espectaculares armadas y ofrecidas tanto por grupos noveles como consolidados. Es así que, entrando en materia comentaré dos agradables trabajos ofrecidos en la acogedora y a la vez dinámica salita del Laboratorio Teatral “Anna Julia Rojas” situada en la avenida México al lado del Hotel Alba Caracas y cercana a una de las entradas del Metro Bellas Artes de Caracas. Un espacio de formación, un lugar abierto a grupos, artistas y creadores que buscando no solo ensayar o reunirse abren un magnífico compás programático gracias a esos brazos extendidos de una regia mujer de teatro como lo representa Carmen (La Negra) Jiménez quien desde la desaparición del maestro Horacio Petersón (fundador de dicha institución) ha generado lo que en una época se calificaba como el off off Ateneo. Una acción y un compromiso que con dignidad, riesgos, poco apoyo gubernamental y mucho sentido de compromiso, permite que el teatro emergente, el teatro no profesional, el teatro novel, el teatro que aspira hallar nichos de difusión propongan sea bien caminante de paso o aquel espectador que busca lenguajes escénicos facturados por gente joven esté justo ahí, a la mano para verlo y sentir en su fuero interno que no todo el teatro (arte / comercial) se debe buscarse en las salas / circuitos establecidos en esta bulliciosa megalópolis.

Desde julio hasta el momento que escribo esta crónica / crítica han pasado por las tablas del Laboratorio algunos grupos que atrajeron con su peculiar forma de ser producidos y de ser resueltos escénicamente, montajes que bien podrían decirse que sino son parte del teatro “hegemónico” normado dentro de las salas formales y expuesto por grupos y artistas relevantes y que poseen una aquilatada trayectoria han dejado su huella en quienes tuvimos la suerte de verlos. Por una parte, deberé referirme al colectivo Solo 2 Tosen provenientes del Estado Aragua y, específicamente de La Victoria. Bajo el estilo de teatro de narración oral y con pleno sentido de ritmo, musicalidad, un aguzado como filoso Angulo de enfoque sobre las problemáticas socio políticas del país y con miradas agudas sobre situaciones de tono globalizador donde las problemáticas sociológicas y humanas tanto en el horizonte de lo íntimo psicológico como en las aristas de los comportamientos del ser frente a su devenir o sus angustias existenciales, articularon con urticante sapiencia, creatividad y un innegable ingenio, como se puede “construir un nuevo paradigma social”.

Solo 2 Tosen les puedo calificar como una rara avis dentro de los grupos que hacen vida artística en las regiones. Expusieron ante un pequeño grupo de espectadores que sorprendidos y gustosamente los siguieron desde el inicio hasta el final (una hora con diez minutos aproximadamente) su espectáculo de Café Concert  titulado “Los Irreverentes. Un montaje estructurado con canciones de tipo “protesta” pero inspirados en lo que la vida dura a veces nos grita o la misma realidad nacional o mundial nos escupe pero que, a veces queda subsumida por toda una capa mediática o por los mitos informativos que las grandes empresas noticiosas nos hacen entender como expresión de acción - reacción del ser social ante variados factores sean estos la guerra, el consumismo, los comportamientos sexuales, las situaciones de sojuzgarmiento del poderoso (compañías o individualidades) contra el débil (la masa alienada o el ciudadano que simplemente trata de sobrevivir ante la injusticia depredadora en estas junglas de hormigón, concreto, cabillas y vidrio.

Los irreverentes es en sí un conjunto sólidamente compuesto por canciones / historias plenas de furibunda jocosidad, corrosivo humor del cual el espectador podía reír o no pero que sabía distinguir en el fondo que no todo lo allí dicho / presentado era para reírse a mandíbula batiente sino para masticarse de forma reflexiva ¿por qué es bastante duro reírse de la tragedia ajena más si esta en un segmento toca la tragedia del pueblo haitiano sufrió el terrible designio del sismo que le sacudió hace unos meses y que además traía todo ese ominoso historial social, económico y político que ya conocemos que los ha convertido en uno de los países más pobres del orbe pueda generarle al público un algo como para regocijarse? o ¿quién ha de carcajearse oyendo y viendo (gráficas) sobre una historia / canción en cuya trama existencial revela como decenas de niños iraquíes han sido muertos, mutilados o con irreparables perdidas derivado de los bombardeos inhumanos de las potencias armamentistas de ocupación?

En todo caso, si habían momentos / situaciones donde la letra actual de protesta se aligeraba y sazonaba con un aspecto menos denso hacia el receptor. Ello permitía la distensión y la posibilidad que la reflexión y  junto al humor grato pero mordaz que con fuerza de la potencia del significante, los alcances subjetivos y la doble situación de entendidos de cómo se ve algo pero como es en realidad fue producto del trabajo de Kervin Ojeda (compositor, músico, docente, narrador oral y director musical del grupo) y Christian Fernández (instructor de teatro, actor, director escénico y productor) quienes desde el año 2004 han apostado por gestar esta alternativa que más allá del propio título de este espectáculo al cual logré asistir son realmente irreverentes, son un grupo outsider dentro de lo que habitualmente estamos habituados a ver y disfrutar. Como colofón solo diré que en este país debería haber más gerentes de espacios o instituciones culturales que logren verles y entender que el público podría darle la campanada de buena nota con quien busca esa clase de propuestas que le hagan crear esa tan ansiada catarsis reflexiva y de distensión de humor que, en estos “tiempos del cólera” se hacen bien necesarios. ¡Un sonoro aplauso a ellos!

CARTELERA TEATRAL CARAQUEÑA JULIO 2010

 POR CARLOS HERRERA

Desde una óptica acotada como puede ser la de quien suscribe, uno de los mejores indicativos de la salud materia de arte y espectáculos (danza, teatro, música, exposiciones, conferencias, recitales, perfomances, lecturas dramatizadas y otras manifestaciones derivadas del quehacer artistas, grupos, compañías e instituciones culturales) de una ciudad como la nuestra es cuando, por ejemplo, hacia el cierre semanal uno adquiere dos o tres medio impresos o solo se detiene a oír las secciones de comentarios de los noticieros y detallas cuanta actividad se despliega a lo largo y ancho del fin de semana.
Caracas es una ciudad cosmopolita, vibrante, pluricultural como pluriétnica; hay diversidad de colectivos que en su quehacer se ven promovidos en las marquesinas de teatros y salas no convencionales. Asimismo, acá y allá orquestas y grupos musicales deleitan al ciudadano. En momentos singulares, la danza contemporánea, el ballet o la ópera y hasta eventos de variada índole transdisciplinaria ocupan espacios que, por lo general no son propiamente teatros, anfiteatros o ámbitos cerrados aglutinados en los denominados circuitos institucionales del este o de la zona del sur oeste o lo que es en la actualidad un lugar como la Unearte (antigua sede del Ateneo de Caracas) cuya explosiva programación atrae a decenas y decenas de espectadores de forma semanal sin cotar con una los mínimos de promoción / publicidad que toda actividad artístico cultural demanda para informar al ciudadano que, con solo acercarse a su enredador puede acceder gratuitamente a un abanico de funciones que, sin exagerar supera las expectativas de sus propios programadores.

Consumir arte y cultura ya no está limitado a lo que se oferte como producto cultural para elites ni bajo el entendido de que es popular. Cada día detallamos como un segmento de la sociedad metropolitana de la Gran Caracas e, incluso de regiones cercanas a esta urbe, pueden sencillamente decidir ir del cine al teatro, a las galerías privadas o museos, sentirse que de improviso en una plaza está un grupo de música urbano o circense y casi mágicamente estar atrapado por el hecho franco y directo de ser espectador.

Ello no excluye que exista ese espectador que sabe orientar sus espacios de recreación de forma programada y prepare su agenda de eventos para el fin de semana. Mi caso, por ejemplo, por saberme un “espectador profesional en teatro” me obliga de jueves a domingo a asistir con un mínimo de tres a cinco propuestas que va de teatro infantil a adultos lo cual, si lo contabilizo al mes, puede superar con creces, hasta a un total de quince espectáculos solo en materia de teatro.
Y hay quienes manifiestan casi a gritos: “¡esta ciudad no ocurre nada en arte y espectáculos!” o, “¡cuan deprimida está la actividad teatral!” Yo, con una callada risa, me solazo sin enfrentarles y con solo una mirada casi de reto les respondo:”Mi caso es contrario; me falta tiempo para cubrir lo que está en cartelera escénica teatral, ufff!; apenas he dejado de ir a ver esto y aun apretando el acelerador se que se me quedaran fuera tales o cuales producciones”.

En fin, la Gran Caracas ofrece y peor ciego es aquel que no quiere ver. Pero la realidad expresa que esta clase de ciudad da variadas alternativas tanto pagadas como gratuitas solo hay que hacer el básico esfuerzo de buscar en los medios o salir un tanto más allá de la periferia de sus lugares de consumo para que detalle que la realidad de lo espectacular, lo artístico y cultural le podrá abrumar.

Hoy –viernes 16 de julio de 2010- me tomo la libertad de adquirir tan solo uno del espectro de impreso de alta circulación nacional con el fin de saber que se da en teatro y basto que al tomar su sección bajo el título de Escenas caí en cuenta que su antetítulo Viernes Arte, Cultura y Espectáculos ya anunciaba en esa primera página y de forma explícita un dos posibles polos de interés para lo que podría ser mi brújula como potencial necesidad de acceder a algún evento de interés masivo.

En uno de sus recuadros se indicaba: Pasarela colorista invitando al seguidor de las artes visuales a que la exposición de la artista Patricia van Dalen abrirá en la Galería La Cuadra “su Colección Primavera –verano, muestra en la que combina moda y color”; asimismo, en el recuadro de la sección del margen superior derecho, está el recuadro que dice; “Festival Caracas tomada por la danza” en el cual se indica a los amantes de esta expresión creativa del cuerpo en el espacio que “Desde ayer [jueves 15.07.2010] la celebración de Viva Nebrada comenzó a cambiar el rostro de sectores de la capital tradicionalmente caóticos. El baile hizo y seguirá haciendo el milagro”. Véase que solo dos aspectos delatan a una urbe vital en esa oferta de lo cultural, artístico y espectacular.

Sencillamente, si uno busca encuentra más. Todo ello es capaz de rebasar la mejor y más atrevida aventura de ser espectador que no solo se conforme con tal y cual género (cine, danza, plástica, moda o teatro entre los disímil) sino que, es posible que abrume ese sentido de aspirar de ver mucho más de lo que en promedio consume los fines de semana sin solo es un empedernido del cine. En mi caso personal debo dejar sentado que mis mejores expectativas solo en lo propio escénico teatral (teatro, teatro) queda en estos últimos meses realmente sobrepasada. Y mire usted amigo lector que si solo me apegase a seguir lo que este medio impreso a través de la publicidad pagada o bien por lo promocional muestra la cabeza de un iceberg de los múltiples eventos que se tiene para escoger en la ciudad. “¡Se asiste a lo que se puede dirá alguno!” otros manifiestan que “¡lo que el bolsillo permita pagar!”; lo cierto es que hay para sirios y troyanos solo en materia de géneros, estilos, formas y contenidos. Pero, realmente solo en materia de lo teatral esta ciudad ofrece como entretenimiento (y me sigo solo orientando por el mismo medio impreso del cual les comenté) escénica la actitud de unificación bajo criterio equilibrado en imagen y segmentando una cartelera teatral.

La misma, sorprende solo por la cantidad de espectáculos para niños, jóvenes y adultos. Y hay que detallar que allí faltan circuitos, salas e instituciones que por razones “x”, “y” o “z”, no se suman a este criterio de la unificación de sus ofertas sea de donde viniese. Lo que importa es que el lector / consumidor de lo específicamente teatral puede ver y detallar según su criterio socio cultural, gusto u otra expresión que hurga a ir a esto y no a aquello, lo que está suscrito dentro de las marquesinas de algunos teatros y salas de la ciudad y que, si se detalla bien, parece responder a circuitos culturales específicos en esta metrópoli.

Y soy del tipo que detalla que hay en tal o cual medio de promoción (Internet, correos electrónicos y de vez en cuando, a lo que todos siguen de forma masiva como lo es la red social facebook) a fin de tratar de armar una observación de un momento cronológico dado para prever que alternativa opto por seguir. Pero como soy animal de costumbres fijas apelo a leer lo que esta siendo retomado bajo la fórmula de la cartelera teatral (asentada en el medio impreso que empleo como referencia y que en palabras de una amiga teatrista (Profesora Carmen Jiménez) se ha asumido el concepto de “Cámara” a fin de armar y publicitar de forma equilibrada y con costos fijos) la oferta un segmento de lo que se da en partes fijas de la ciudad.

Al observar me sigue maravillando que hay un total de catorce espectáculos delimitado bajo instituciones privadas como Teatrex (que oferta por ejemplo, Éramos felices y no lo sabíamos (monólogo humorístico); Hembras, Mito y Café (recopilación de textos); Apostando a Elisa (Estreno, género, comedia); Mi Cama tiene tres lados (comedia); Anabel, La Princesa Encantada (Estreno, género, teatro infantil) y en su sábado musical, Retruque (“creativo puente de unión entre la música académica y el folklore”). Por su parte, la Sala de Teatro Luisela Díaz, ofrece Por qué somos como somos (monólogo humorístico) y Pinocho y la Princesa Belleza (género infantil).

Para el caso de Trasnocho Cultural en sus espacios referidos al Espacio Plural y Teatro Trasnocho, la oferta para el lapso comentado es: Ciertas condiciones aplican (género, comedia de Javier Vidal y dirigida por Moisés Guevara); De todos modos (pieza de José Simón Escalona y escenificada por el grupo Theja); La lección de Pirita de Roblán Piñero bajo la productora KJC y Piso 9 escrita y dirigida por Mariana Cabot. Esta también lo propuesto por Escena 8 con el estreno (hoy 16.07.2010) del esperado montaje Actos Indecentes (drama) dirigido Moisés Kaufman bajo la tutela de la productora Palo de Agua.

Aparte, en una sección pagada del mismo periódico está la oferta del Teatro Chacaito quien anuncia a su público habitúe sus comedias para adultos e infantiles: Una loca voló y en chacaito cayó; Que nochecita y En chavo en funciones. Finalmente –y esto fuera de los anuncios pagados- está como promoción de algún que otro evento escénico como el caso de la comedia Vida equivocada en el Teatro del Colegio Francia (Urbanización La Carlota) donde el actor Salomón Adames personifica “a un turco aspirante a campeón de boxeo en el Kid Popsicle bajo la dirección de Leoner Ramos ”

Coda: Caracas ostenta una amplia variedad de propuestas escénicas, musicales, plásticas entre otras que bien vale la pena estar atentos. No se diga que “¡Acá no pasa nada!”, porque es un extraño boomerang que le podrá golpear. Ah!, claro!, está la razón que se esgrime: ¡Una cosa en cantidad; otra, calidad! Pero de que hay oferta cultural, artística y espectacular, la hay.

TEATRO DE GENTE JOVEN

POR CARLOS HERRERA

En el lapso Mayo –Junio tuve la experiencia de constatar sobre las tablas tanto del Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela como de Espacio Plural ubicado en el Trasnocho Cultural, dos colectivos cuya características esenciales, han estado marcada por la presencia de gente joven en lo escénico teatral.

Por ahora, solo comentaré el trabajo escénico exhibido por la dirección y dramaturgia del talentoso teatrista, Roberto Romero, quien funge como cabeza de una de las instituciones más rancias del quehacer teatral universitario como lo es el T.U de la UCV. Bajo su rectoría, y en una salita cuyo aforo no excede a la treintena de persona (sótano del Aula Magna) se permitió proponer un concreto dramático con ribetes de pieza mayor titulado A un paso de tú Alma la cual asumió con bastante seriedad desde el rol de director.

Roberto Romero ya le habíamos seguido la pista como actor en otros tiempos bajo la égida del colectivo Te Artes; luego, hemos sabido que ha seguido estudios formales a nivel de post grado en la UCV (si no ando equivocado en Literatura Comparada) y, actualmente, está a la cabeza de una de los referentes institucionales del país en materia de formación y creación universitario como lo ha representado el T.U. Sabemos también que, como joven persiste en prepararse, formarse, exponerse, seguir cultivándose en el arduo camino de ser un artista integral. De hecho, sabemos que ha pasado por el Taller de Creación Literaria que han sido dictados en el Celarg (teniendo la suerte de toparse muy probablemente con la docta experiencia en lides dramáticas ofrecidas por la escritora teatral, Xiomara Moreno). Es así que, tras esos “ejercicios” iniciales que emprendió en esos talleres a partir del año 2009 nos hace saber que “pude dar cuerpo a una ambición literaria que desde adolescente tuve, pero que hasta esos momentos no había podido lograr con satisfacción: escribir drama”.

Como tal, Roberto Romero ha estado ahí persistiendo de forma tesonera y exhibiendo esa especial aura que por años he endilgado como “animal de teatro” (marbete jamás despectivo sino que en si suma mi visual de aquellos que percibo que han estado, están y seguirán insertos en lo propio de nuestro quehacer teatral nacional) que siente que formarse y exponerse en y desde las tablas, le ganara el respeto y credibilidad del sector.

Romero desde que le conozco no ha sido un improvisado porque ha sabido pulsar con perspicacia y estudio el que hay que estar en el adentro como el afuera de este duro oficio con una mirada segura. Es inteligente porque siente que desde las trincheras de la actuación, dirección y ahora, la escritura teatral será sus más eficaces armar comprender este singular momento del país tanto en lo gerencial teatral como en la capacidad de ir orientando a otros más jóvenes que él.

Su labor en el T.U ha sido sosegada desde el particular mundo que representa dentro de la UCV el T.U y, sin embargo, factura un proceso que seguro dará lentamente frutos. Es un ámbito exigente ya que este ámbito ha tenido una historia y sido un referente para lo que ha sido la historia del teatro venezolano. Romero no compite con esta gran historia (donde calan nombre como Curiel, Santana o, Schiamana entre otros) sino que la va formulando bajo un criterio más abierto a recibir a jóvenes estudiantes que se acercan a este espacio a fin de canalizar sus inquietudes en el terreno de la actuación de una forma complementaria a formación académica. Trabaja con terreno fértil donde él como joven que entiende inquietudes de otros jóvenes puede catalizar proyectos que, sin pecar de exagerado, ampuloso o soberbio.

Es así que, le constatamos una de esos proyectos que ha cuajado para ser mostrado a la comunidad ucevista como del espectador que asuma que la cartelera no es sencillamente lo que se oferta en determinadas salas o circuitos. Con la visual de puesta en escena de A un paso de tú alma vemos un texto que explora “el desmoronamiento de la vida matrimonial” tras haber convido como una pareja “estable” que con sus cuitas amorosas y sus presiones de vida profesional, sienten en carne propia que algo falla. En un momento Antonio está atascado en su esfera pública con las ataduras de un banco que absorbe ese tiempo de la esfera de lo íntimo de su esposa. Ella, Mariela, ha ido sintiendo que su vida marital se llena de vacíos, de incomunicación, de insatisfacciones; apela a actividades  que la complementen ya que dentro del hogar ya consolidado y en una situación de libertad luego de haber criado a dos hijos que ya hacen con sus vidas, mundos apartes, parece exigirle hacia el albedrío de la Mariela madre el haber cumplido con lo que de ella se esperaba pero la Mariela - Esposa  - Mujer aspira otras cosas que le acerquen a un conyugue ensimismado por lo laboral y distraído en sus breves descansos por la evasión mediática.

Dos existencias fragilizadas. Dos mundos que no se saben orbitar en lo sentimental / sexual y que percibe un desgaste que los aleja. En un momento, Mariela toma decisiones para someterse a prueba y colocar la “verdad de su unión con Antonio en el cruce de caminos. El resultado, la infidelidad casi de forma planeada cristalizada en el personaje de Isabel. Ello hará los personajes intenten tomar consciencia de sus roles hacia si y de sus papeles hacia lo externo. El final, la fractura y el no retorno. Vidas escindidas, rotas y a la vez, claras en el no regreso.
Una dramaturgia que explora, que otea los vericuetos de las relaciones a fin de imbricarlas en el contexto de un mundo social y cultural como el venezolano o latinoamericano. Dramaturgia que debe aun decantar tanto en los mecanismos internos de su personajes como de la situación que los envuelve pero que, hace que la percepción de Roberto Romero empiece a transitar hacia el camino de ser un creador que extiende su búsqueda del compromiso del aspirar decirle cosas a su lector / espectador. Veremos como irá desenvolviéndose este autor con el pasar del tiempo y así medir su evolución con las exigencias que escribir teatro demanda.

La puesta en escena puntual, sencilla y sin subterfugios. Frontal e íntima. Locuaz y pertinente para hacerle sentir al espectador que el drama puede concitar un algo a comunicar desde el trabajo de la planta histriónica al universo de detalle de lo orgánico de ¿Qué dicen? ¿Cómo lo expresan el lo gestual o corporal? ¿Es auténtico o solo se hace una radiografía de acción / consecuencia partiendo que no son actores que suponen una edad en concordancia al papel que representan? La síntesis de atmósfera fue correcta y en sintonía a lo que debía generarse del movimiento de estos personajes. El papel más logrado fue el dado por Lis Miranda ya que su mundo interno estaba como establecido y los parámetros de manejo de voz, dicción y gestual como la proxemia estuvieron asertivos. La labor de composición de Enmanuel Barroeta fue externa, más de las veces fragilizada por intentar sin atar con seguridad los problemas de los mundos de su personaje. Accionaba sobre el escenario con inseguridad y sus acciones quedaron a flor de piel. Finalmente, Oriana Agüero, mucho más insegura en lo corpoexpresivo, denotó que no tenía claro en fin / propósito de su interpretación de Isabel. Muy tensa a veces, muy descolocada en la física del movimiento. Puede dar más si la dirección le corrige detalles que la ayudará a orientar el todo histriónico que arma con sus compañeros de viaje de esta puesta en escena.

Un trabajo que puede decantarse pero que desde ya propone tanto al TU, al mismo autor / director de este espectáculo como a los espectadores que concientizan que en la UCV hay alternativas a ser contempladas que, la ciudad está en ebullición, que hay opciones, que existe una dinámica que debe verse y ser contextualizada. En fin, el T.U está ahí y si es posible que usted amigo lector tiene la oportunidad, vaya y constate que la gente joven del teatro venezolano está haciendo lo suyo.

COLUMNA CRITICA CARLOS HERRERA

EL TEATRO CUENTA LA HISTORIA DE VENEZUELA


El país dramatúrgico venezolano siempre está por develarnos sorpresas. Estas no están en la novedad si no en esa incapacidad que han tenido grupos, compañías, directores y productores a no ir más allá de un cierto grupo de autores que, por lo general, siendo contemporáneos, parecen todos ir de César Rengifo a los representantes de la “Santísima Trinidad” – J. I. Cabrujas, Román Chalbaud, Isaac Chocrón-, de Edilio Peña a Néstor Caballero, de Rodolfo Santana a José Gabriel Núñez; con alguna mediana suerte, lo que de alguna forma u otra calaron desde las dos últimas décadas del siglo XX a la fecha. Autores y dramaturgas como Eduardo Azuaje, Javier Moreno, José Tomás Angola, Xiomara Moreno, Carmen García Vilar, Carlos Sánchez Delgado u Gustavo Ott por solo mostrar una franja de un teatro que sin ser invisible, han trascendido de lo inédito a lo visible del reconocimiento en premios, escenificaciones, publicaciones y ser, ciertamente –a desmedro de lo que una vez califique como “dramaturgia represada” ser los escritores teatrales en boga al sondear las distintas marquesinas de los teatros a nivel nacional.


Este introito es solo un suspiro para decir que de lo nuestro poco en tablas, en especial, si tratamos de puntualizar que, en la conciencia de quienes tienen la batuta de producir “espectáculos comerciales” sean estos bajo los géneros de la comedia, el drama o la tragedia, parecen siempre estar dispuestos a ver fuera y nunca dentro del país. Así, el teatro nacional queda atrapado entre el olvido, el menosprecio, el desdén y en el peor de los casos, la ignorancia. Es tiempo ya de hacer valer no nuestro. Como los mexicanos: “¡primero lo nuestro, segundo, lo nuestro y finalmente, tercero, lo demás!” No en una actitud impositiva, no es seguirle la sombra a la rueda de lo ideológico de alguna política de Estado que, con bis “nacionalista” hace sentir que, hay que rescatar lo propio y obviar, lo foráneo. No. Es sencillamente, sabernos fieles y coherentes en que tenemos temas, asuntos, obras y un sin fin de autores que esperan su momento de ser llevados a las tablas. He ahí la reconciliación con lo que es ser auténticamente nacional pero sin ser a ultranza “nacionalista ideologizado”.


Saludo así el esfuerzo del profesor Orlando Orsini que supo entender esta entendido y con perspicacia, insufló la concepción del proyecto El teatro cuenta la historia de Venezuela en el Bicentenario. Un acción concreta para un fin determinado y, no obstante, entroncado a rescatar los valores dramatúrgicos propios desde no la fastuoso de una mega inversión sino con contados recursos, una actitud digna y un sentido de entender que el tiempo y las circunstancias ameritan sacar a flote a un grupo de autores relegados y cuyas piezas pueden decir lo que en algún momento era consono a la recepción del público. Es así que en un ciclo de lecturas dramatizadas permitió mostrar como testimonio de momentos, sucesos, eventos, circunstancias que fueron tratados por autores que van desde Luís Peraza a Domingo Navas Spinola, de Jerónimo Pumpa a Víctor Manuel Rivas, de Nicanor Bolet Peraza a Ángel Fuenmayor. Junto a ellos, otros referentes dramáticos como Chocrón, Caballero, Rial, Rengifo o Britto Garcia. El país, la nación, la sociedad, su historia, “ese pasado” que fue de la conquista a la independencia, de la colonización a la guerra federal, desde la resistencia de los primeros venezolanos en contra de un imperio a las luchas de emancipación y así, ese gran mosaico de eventos que coadyuvaron, acrisolaron, forjaron desde nuestra identidad a nuestro carácter nacional.


Un magnífico evento que debería ser permanente en espacios teatrales en especial, en el marco de los teatros centenarios (como el Teatro Municipal, Nacional, Juárez, Cajigal, etcétera) del país como fórmula mediata de reanimarlos y darle el lustre de edificaciones que son íconos


de esa Venezuela orgulloso pero no altiva donde el teatro de autor, el teatro que debe ser referente para insuflar con brío que lo nuestro es tan valedero como lo foráneo y porque hay que persistir en que la memoria nacional no puede abandonarse para estar a la moda de los nuevos temas /argumentos / autores de la postmodernidad.

COLUMNA CRITICA CARLOS HERRERA

EL TEATRO CUENTA LA HISTORIA DE VENEZUELA

El país dramatúrgico venezolano siempre está por develarnos sorpresas. Estas no están en la novedad si no en esa incapacidad que han tenido grupos, compañías, directores y productores a no ir más allá de un cierto grupo de autores que, por lo general, siendo contemporáneos, parecen todos ir de César Rengifo a los representantes de la “Santísima Trinidad” – J. I. Cabrujas, Román Chalbaud, Isaac Chocrón-,  de Edilio Peña a Néstor Caballero, de Rodolfo Santana a José Gabriel Núñez; con alguna mediana suerte, lo que de alguna forma u otra calaron desde las dos últimas décadas del siglo XX a la fecha. Autores y dramaturgas como Eduardo Azuaje, Javier Moreno, José Tomás Angola, Xiomara Moreno, Carmen García Vilar, Carlos Sánchez Delgado u Gustavo Ott por solo mostrar una franja de un teatro que sin ser invisible, han trascendido de lo inédito a lo visible del reconocimiento en premios, escenificaciones, publicaciones y ser, ciertamente –a desmedro de lo que una vez califique como “dramaturgia represada” ser los escritores teatrales en boga al sondear las distintas marquesinas de los teatros a nivel nacional.  
    Este introito es solo un suspiro para decir que de lo nuestro poco en tablas, en especial, si tratamos de puntualizar que, en la conciencia de quienes tienen la batuta de producir “espectáculos comerciales” sean estos bajo los géneros de la comedia, el drama o la tragedia, parecen siempre estar dispuestos a ver fuera y nunca dentro del país. Así, el teatro nacional queda atrapado entre el olvido, el menosprecio, el desdén y en el peor de los casos, la ignorancia. Es tiempo ya de hacer valer no nuestro. Como los mexicanos: “¡primero lo nuestro, segundo, lo nuestro y finalmente, tercero, lo demás!” No en una actitud impositiva, no es seguirle la sombra a la rueda de lo ideológico de alguna política de Estado que, con bis “nacionalista” hace sentir que, hay que rescatar lo propio y obviar, lo foráneo. No. Es sencillamente, sabernos fieles y coherentes en que tenemos temas, asuntos, obras y un sin fin de autores que esperan su momento de ser llevados a las tablas. He ahí la reconciliación con lo que es ser auténticamente nacional pero sin ser a ultranza “nacionalista ideologizado”.
   Saludo así el esfuerzo del profesor Orlando Orsini que supo entender esta entendido y con perspicacia, insufló la concepción del proyecto El teatro cuenta la historia de Venezuela en el Bicentenario. Un acción concreta para un fin determinado y, no obstante, entroncado a rescatar los valores dramatúrgicos propios desde no la fastuoso de una mega inversión sino con contados recursos, una actitud digna y un sentido de entender que el tiempo y las circunstancias ameritan sacar a flote a un grupo de autores relegados y cuyas piezas pueden decir lo que en algún momento era consono a la recepción del público. Es así que en un ciclo de lecturas dramatizadas permitió mostrar como testimonio de momentos, sucesos, eventos, circunstancias que fueron tratados por autores que van desde Luís Peraza a Domingo Navas Spinola, de Jerónimo Pumpa a Víctor Manuel Rivas, de Nicanor Bolet Peraza a Ángel Fuenmayor. Junto a ellos, otros referentes dramáticos como Chocrón, Caballero, Rial, Rengifo o Britto Garcia. El país, la nación, la sociedad, su historia, “ese pasado” que fue de la conquista a la independencia, de la colonización a la guerra federal, desde la resistencia de los primeros venezolanos en contra de un imperio a las luchas de emancipación y así, ese gran mosaico de eventos que coadyuvaron, acrisolaron, forjaron desde nuestra identidad a nuestro carácter nacional.
   Un magnífico evento que debería ser permanente en espacios teatrales en especial, en el marco de los teatros centenarios (como el Teatro Municipal, Nacional, Juárez, Cajigal, etcétera) del país como fórmula mediata de reanimarlos y darle el lustre de edificaciones que son íconos
de esa Venezuela orgulloso pero no altiva donde el teatro de autor, el teatro que debe ser referente para insuflar con brío que lo nuestro es tan valedero como lo foráneo y porque hay que persistir en que la memoria nacional no puede abandonarse para estar a la moda de los nuevos temas /argumentos / autores de la postmodernidad.

DESNUDO EXISTENCIAL



Por Carlos Herrera
Un grupo que si bien no calificarlo de emergente es algo que para algunos es cuestión de responder ¿Desde cuando ha incidido en las tablas profesionales de un determinado circuito comercial o no?, ¿los miembros que lo constituyen son noveles en cuanto a no disponer de una aquilatada trayectoria, una cosecha de palmares y hasta la capacidad de que tanto el público como la crítica especializada puedan retener en su memoria, lo ofrecido como productos de su acción escénica en un lapso dado? Cuestiones que no vamos a discutir acá; pero sin embargo, se hace notorio que hay colectivos que de una forma u otra, están preocupados por incidir e impactar con sus indagaciones artísticas en lo que el horizonte de la expectativa de quien se asume como consumidor teatral.
Uno de estos grupos es Circulo Vertical. No puedo decir que lo haya confrontado antes y menos aún, disponer de una información precisa de su hacer. Pero, es notorio que uno de sus integrantes, Julio Bouley si ha sabido calar con su trabajo, tesón, y creatividad en lo que ha sido por lo menos, desde mediados de los años ochenta del S. XX a través de grupos como Contrajuego, en propuestas actorales que le han valido nuestro aplauso y respeto. Ahora, conjugado desde el año 2004 frente a esta agrupación, ha ido desarrollando acciones escénicas que de forma persistente, trata de abrir y expandir su nicho de percepciones, proyectos, inquietudes y crear alternativas para nuevas capacidades de recepción.
Lo contemporáneo, lo clásico y lo actual experimental son por lo menos asideros esenciales sobre el cual darle soporte a sus experiencias creativas en materia teatral. Bouley junto a Ricardo Mendoza han accionado la espoleta de ese territorio crear basado en el trabajo con textos que expresen algo a quien lo confronte. En este sentido, asomaron la concreción de puesta en escena del espectáculo Vamos a imaginarnos que nos estamos tomando un café treinta años después (Testimonio Teatral en 7 tiempos) el cual fuese expuesto por Círculo Vertical del 13 al 17 de Enero en la Sala de Conciertos de la Universidad Nacional Experimental de Teatro (UNEARTE) donde los textos estuvieron confeccionados a dos manos entre José Luís Pérez y el propio Julio Bouley quien, además, asumió con desparpajada capacidad histriónica la construcción / interpretación del personaje central -especie de monólogo existencialista- de un homosexual que aparenta estar ubicado hacia finales de los años setenta y parte de los ochenta.
Y como bien lo señala el subtítulo de esta propuesta, es un “testimonio”, esa declaración personal de lo que le acontece a un ser marcado por su certidumbre como certeza de saberse con una definida tendencia sexual, que busca darle piso a sus ansiedades sean desde el orden de romper con la soledad hasta las vicisitudes del mal del siglo XX como lo fue -y aun sigue siendo- el ser portador del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (HIV/ Sida) que devasta vidas en el azaroso hálito de las sexualidades liberales. Una revisión textual que está impregnada con pinceladas íntimas y profundas de lo autobiográfico que para algunos pareciese vacuo, para otros banal pero para un segmento de la población masculina homosexual latinoamericana, aun resuena de forma violenta en su tránsito existencial.
Como propuesta teatral, Bouley encarna a este personaje que sin mediar mucho, se despoja de sus vestiduras y en un lapso cercano a la hora y media, desde esa desnudez de ropajes viste a su personaje con los atavíos de una humanidad de trata de sobrevivir ante la mirada de los otros. Un actor audaz que asumió sin complejos y sin medias tintas la posibilidad de crear con el cuerpo, la voz, el gesto, los movimientos y el canto, una comunión entre la escena y la platea; una comunión afectiva que desde el amor y la crueldad parecen estar de la mano, que los sueños y las ansiedades pueden ser cómplices y que la condición humana puede ser llevada de forma efectiva y con riesgo por parte no solo de un colectivo sino de un histrión que con verdad, asume la capacidad de decir cosas en este tiempo. Con el acompañamiento al piano de Fernando Roa, la iluminación de Alfredo Caldera y la producción de Círculo Vertical, la escena capitalina ofreció un drama que de reponerse bien vale la pena compartir y reflexionar sobre sus intríngulis textuales como de oferta de proposición espectacular.

EMIGRANTES


El Teatro Dramma retornó con el rigor y peso teatral que nos ha tenido acostumbrado a la sala de la capital. Con el estreno de la justa adaptación y solvente dirección escénica de la pieza Emigrantes (1974), del escritor polaco –francés, Slawomir Mrozek (1930), en la Sala Experimental del Celarg desde el pasado 13 de noviembre, colocó ese acento crítico reflexivo desde la actitud de trabajo individual como colectivo sobre una realidad que, tiene validez significante ya sigue sacudiendo las conciencias y estremece la sensibilidad del espectador más recatado.
Discurrir sobre el asunto de la intolerancia en este tiempo es pertinente. Los tiempos políticos sociales del país parecen ser la diana donde el escalpelo sagaz de una mujer prestada a las dos agua creativas como lo representa los sistemas solares del teatro y cine como lo sabe hacer Elia K. Schneider hace que la palabra se explaye como una gota de aceite en el alma de la conciencia colectiva. La trayectoria del grupo Dramma en nuestro país ha sido puntual para que, desde las tablas, cada pieza proyecte no el sencillo gozo estético o provoque el inflexionar de las necesarias preguntas que el espectador inteligente debe derivar de la confrontación de sus espectáculos. Es más que eso: ¡es asistir a un suceso que sacude la emoción por constatar que el arte es instrumento que comunica y hace significante el oxígeno de la vida!
Elia Schneider se acompañó esta vez, de un nutrido equipo de gente joven. Articularon con obstinada preocupación, la factura artística, estética y conceptual de este solvente trabajo teatral. Supieron colocar pulso, ritmo y coherencia en la edificación de un constructor que emanase, sin asomo de dudas, rigor profesional, exigencia conceptual, agudeza estética en el empaque del montaje para darle plataforma a la fuerza histriónica que discurrió las tablas. De la escogencia descanada de escenografías corpóreas donde el espacio formulado bajo una inclinación brookiano que fuese trampa / cárcel / confinamiento, la plomiza coloratura visual en cada objetos, ropaje y sencillos accesorios a fin de crear desde lo no verbal un vínculo feroz con lo cerrado de dos mundos; la sapiencia en equilibrar volúmenes en proporciones equidistantes para señalar ideas / sentidos de vida de cada personaje - situación y, una iluminación que marcó su compás para una atmósfera que adicionaba opresión en esas conciencias en juego dialéctico hacía que la base sobre la cual los óptimos histriones como lo son Paúl Gámez y José Manuel Peña ofreciesen una composición de personajes comprometidos en su fuero interno e irradiar no solo el discurso dramático sino de ir más allá de ese claustro de desesperanza sin ventanas, llenos de tubos y que, separados por una línea espacial como mental, hacía que sus ideas / aspiraciones a veces marcadas por la melancolía, a veces por la desesperanza permitiese dar cierta luz al final del túnel: que cualquier país que se impregne de plomiza intolerancia ¿podrá tener su luz de reconciliación?
Si hacia el final de la obra, una escena donde dos personajes rompe el dinero de la ilusión y el otro, rasga las utopías del hombre esclavo, ambas son metáforas que denotan libertad. Distintas en el sacrificio pero que dejan fuera de la ruta de las falsas arrogancias y de un desmadejado orgullo para tratar de ir en pos del hálito que las fronteras de separación que produce la intolerancia puede dividir como un río caudaloso las almas sencillas y los intelectos acerados que, por razones múltiples, pueden cruzarse en otras fronteras por la búsqueda de un mejor devenir. Es la proyección hacia el presente del sentido de que esta sociedad debe hacer un mejor esfuerzo antes de que todo sea tarde. Sentirnos como seres y ciudadanos que seamos capaces zanjar diferencias porque hay tiempo; si la intolerancia y irrespeto hacia los demás se acentúa, quizás se incrementen los inmigrantes en la vastedad planetaria de este s. XX y, ojala que no, estemos condenados a habitar los sótanos fríos de las urbes del primer mundo en espera de oír campanadas de fin cada ciclo para prever los recuerdos del futuro de ese porvenir. Evitemos ser empujados a las aceras encontradas si se piensa, actúa o siente de forma distinta.
Magnífico trabajo teatral construido por gente que entiende que el arte y la inteligencia, son el sobrio escudo para atacar los escollos de la contemporaneidad. ¡Bravo por el grupo Teatro Dramma!

Fotografía cortesía de Gregorio Marrero / Orinoquiaphoto.*

¿Teatro de los invisibles?

Por Carlos Herrera

¿Qué es ser teatro reconocido o teatro profesional consagrado?, ¿Dónde el teatro amateur se hace movimiento escénico emergente?, ¿Qué factores inciden para que un colectivo acceda con fuerza e impacto en el circuito de producción, circulación y consumo donde el público de una localidad determinada no solo sabe de su existencia y participa como espectador cautivo o no del hecho de exhibición como muestra del esfuerzo creador de hombres y mujeres que, con alto esfuerzo, están en las verdaderas líneas de batalla del teatro venezolano?, ¿Qué hace que un festival, muestra o encuentro valide con la aceptación de tal grupo o cual espectáculo?, Por qué hay eventos vitrina que tienen aceptación por todos los públicos y otros, en su defecto, son ignorados?

Son múltiples las tentativas respuestas para estas cuestiones. Es difícil contestarlas con argumentos sólidos donde converjan una pluralidad de opiniones, pareceres, criterios, puntos de vista y percepciones; sin embargo, hay presupuestos para las mismas y ellas conforman una especie de visión cliché que marketea que los unos y los otros, es decir, que lo que se ha dado a calificar como “teatro de los visibles” y/o profesionales se distinga a vuelo rasante del denominado “teatro de los invisibles” que, en palabras de un cierto segmento de hacedores y espectadores, es el que esta enmarcado como “underground”, fuera del circuito profesional comercial, ese teatro off off de las salas y espacios culturales donde converge una clase social y no otra.

Uno y otro más allá de quién lo piense, ejecute, promueva, difunda o consuma: es teatro. No hay el teatro de los que no se ven y el teatro de los que bajo cierta visión mórbida, no existe. En Caracas, en pleno mes de Octubre (del 05 al 24) se dio la efectiva circunstancia del concreto de la VIII Muestra Internacional de Teatro y Títeres en las Comunidades que organizado por el Instituto de Investigaciones para el desarrollo del teatro (IIAVE) y cuyo eje vital fue la mano firme y lúcido corazón del maestro Alberto Ravara, articuló un encuentro disímil, plural, amplio, extendido y capaz de proponer las respuestas con que inicié esta nota.

Una realidad que es más que fuerza de cantidad o balances de calidad escénica: es una claraboya límpida para decirnos que hay una dinámica y un hacer que vibra en, tras y por la comunidad, léase, la hecha por teatristas de diferentes filosofías, con trayectorias dispares, con visión de la realidad artística en sintonía o discordante, que late en el seno de una barriada, que emerge en las escuelas o universidades, que anda sus primeros pasos en la lucha por acceder a los circuitos de difusión e, incluso, de un teatro que parece no estar pero que día a día hace de la calle, la plaza, el boulevard, su terreno más fértil para dibujar que el teatro está vivo y haciendo las transformaciones que todos anhelamos.
Una muestra que no solo sumó la capacidad imaginativa, estética, ideológica y/o conceptual que sostiene a directores, dramaturgos, actores, diseñadores, realizadores, productores y técnicos sino que hace que esté un público que sabe de su esfuerzo y los recompensa con su presencia y que al final de cada función, les otorga con respeto, con admiración y sapiencia, la intangible recompensa del aplauso.

Hacer patria es hacer cambios profundos en la conciencia del pueblo. No solo es enarbolar las banderas de un proceso sino que el proceso de toma de conciencia se hace trabajando en las múltiples trincheras del oficio y de crear el país que anhelamos donde el trabajo dignifique, la creación insufle esperanza, que lo sueños sean las promesas recogidas y que, cada individuo no sea una partícula sino un todo: un colectivo en comunidad organizada y con espíritu de estar con la frente en alto en este nuevo siglo. La VIII Muestra Internacional de Teatro y Títeres en la Comunidad de Caracas es vivo ejemplo de que ¡si se quiere, se puede! Que así siga siendo por el bienestar y equilibrio de las artes escénicas del país.

Un busto al cuerpo

Pr Carlos Herrera
Estamos en los umbrales de la segunda década del siglo XXI. La aventura postmodernista de configurar desde múltiples ópticas, una serie de discursos que tratan de desenmarañar mitos / verdades, afirmaciones/afectividades que atrapan la existencia del individuo en su enfrentamiento con la realidad y con las fuerzas imponderables del convivio social con factores inter y transubjetivos, hacen que la gestación de una miríada de textos dramatúrgicos emerjan por doquier tratando de dar cuenta, de aprender o, sencillamente, dilucidar con profundidad o, de forma somera, múltiples efectos que alienan los cambios de conducta del ser contemporáneo ante el bombardeo de modas, gustos, y factores condicionantes del estilo que se debe o no seguir.
Algunos autores –como es el ibérico, Ernesto Caballero- se apoya en una arista de interés: la naturaleza de la realización personal tras la mimetización exterior de la mujer producto de las apariencias estéticas que rigen la estilización del cuerpo. Una pieza como Un busto al cuerpo es una de estos textos que pueden con sorna y ácido humor, desmontar esos extraños “intríngulis” del comportamiento femenino ante los cánones de belleza que son esencia de un modo de vida trastocado por lo mediático y las modas globalizantes. La mujer que se debe sentir objeto de ser admirado en sus formas es, quizás, una mezcla bizarra donde son medusas intelectuales en sus conductas externas pero revestidas de armazones cuasi frankisterianas en su interior. La cosmética variopinta, las cirugías estéticas con nombres infranqueables que rinde parte de su culto a las prótesis mamarias en el altar de modas que fenecen según ciclos de belleza que enmascara el rito de ser bella para las féminas del hoy. Un asunto que expone con irónica crudeza y desparpajo dialogal lo que es en apariencia, parte de los estigmas que marca la naturaleza de las mujeres contemporáneas por ser más exuberantes.
Es así que, con la versión de Lorena Romero, este texto de Caballero se mostró al público caraqueño por el sencillo trabajo efectuado por el colectivo maracayero, Cuatro Fuegos Producciones quienes contando con el metódico trabajo de puesta en escena efectuado por Hans Velázquez, se pudo constatar por unas dos semanas de septiembre en el acogedor espacio que proporcionó el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas que dirige, Carmen Jiménez.
Un espectáculo sostenido en base a la destreza de tres actrices (Laila Colmenares, Lorena Romero y Ygmir Ortega) quienes asumieron la construcción de sus respectivos papeles con tino, intuición y una maleabilidad de matices, sentidos y sugerencias que, ciertamente, ayudaron a que la labor de Velázquez tomase el ritmo necesario para servir de elemento significante del asunto y desarrollo de la trama que acentúa esa “satisfacciones personales” ansiosas por una apariencia frágil pero vital para su sobrevivencia ante las heterodoxas reglas que impone la afirmación de lo bello y/o aceptable socialmente.
Un trabajo que pudo ser más sintético en su compactación en las transiciones a fin de que no se diesen vacíos entre escenas y que, con mayor agudeza, se tratara de articular una atmósfera lumínica que fuese cemento unificador de las variaciones corpo gestuales de la plantilla histriónica. En todo caso, un grupo con ganas de decir cosas, de no solaparse en emitir los archiconocidos textos que todo novel grupo apela, y ser sinceros en su capacidad de sugerir al espectador que el tiempo que se vive es mimético, artificial y susceptible de insuflarse de verdaderas mentiras para exaltar egos, vanidades y apariencias.

FESTIVAL DE TEATRO INFANTIL EN ANZOATEGUI


Por Carlos Herrera

En otras ocasiones he escrito de forma reflexiva sobre algún espectáculo o evento dirigido para la infancia. En otras, he ido más en profundidad, buscando analizar los asuntos propios que enmarca a esta exigente disciplina teatral, sean dentro del contexto de los temas, formas de asumir la creatividad o aspectos inherentes a lo propio de las relaciones organizacionales que los grupos y compañías exponen en su diario hacer.

Lo que sí dejo saber a quien me lee, es que no he ocultado mi interés de asumir con seriedad y responsabilidad el estar cerca sobre lo que acontece en un área escénica donde críticos e investigadores discurren, comentan, apoyan o simplemente, analizan las “facetas que lo estructuran”. Es ahora, en este breve espacio, buen momento para exponer un merecido espaldarazo al grupo anzoatiguense, Puertoteatro (un amplio grupo humano, técnico y artístico radicado, en Puerto La Cruz), liderizados por dos aguerridas figuras que tienen un alto tenor teatral tanto nacional como internacional. Me refiero a Nelly Villegas (dramaturga y directora) y Pablo Ramírez (director, actor). Ambos gerentes que aceptando el reto de tener un espacio propio, deben asumir no solo toda clase de contingencias administrativas, económicas (por la recurrente falta de compromiso del Estado a otorgarle la estabilidad subsidiaria que les permita accionar con pertinencia no solo el día a día que demanda la infraestructura, sino lo propio de lo programático), logísticas y comunitarias.

Y he aquí el punto de esta nota: mi aplauso y reconocimiento a esa labor de edificar y mantener – a como dé lugar- el Festival de Teatro Infantil “José Gregorio Romero”. Un encuentro dinámico, que ha sabido capturar la atención de los habitantes anzoatiguense y de otras regiones. Un evento multidisciplinario, exigente, donde se expone tanto en calle como en sala, las distintas expresiones del mundo del títere, lo escénico infantil y de adultos. Un evento que deber ser visto, evaluado y apoyado por cualquier autoridad comunal, local, regional y nacional ya que se enmarca dentro de los aspectos que exige desde la ley del niño y adolescente, y algunos aspectos de la Constitución Nacional vigente. Incluso, es una actividad que indiscutiblemente exalta y crea valores en lo es que propio de nuestra identidad.

He participado varias veces como crítico y como hombre de teatro y de esa experiencia me ha quedado que tras bambalinas se verifica edición tras edición, enfático tesón, audacia con creatividad, responsabilidad plena, empeño sistemático y un norte bien organizacional claro e inserto en ser un encuentro dirigido a toda la familia. ¡Un Festival que aún es adolescente –en este 2009, en su XI edición- en edad pero distintivamente comunitario y que espera ser apoyado sin remilgos! Algo más de una década pero desde sus inicios ha estado comprometiendo lo mejor de quienes lo organizan, de los grupos y artistas que participan y del público que los ha respaldado y que en conjunto son una fuerza y energía para el teatro venezolano.

ESPACIOS TEATRALES

Por Carlos Herrera
El teatro caraqueño está viendo cómo sus espacios donde tradicionalmente se ha efectuado la difusión / exposición del quehacer escénico ha venido contrayéndose en lo que fuesen las instituciones culturales consabidas por el gran público. Y, sin embargo, también hay un hálito en el surgir de otros ámbitos pero con variables que empiezan a reconfigurar lo que quizás a un tiempo muy corto sea otro paradigma del donde consumir teatro “comercial” o de “arte”.
Para nadie es un secreto lo que ha ocurrido con las salas del desaparecido Ateneo de Caracas; menos aún, del destino del Teatro “Alberto de Paz y Mateos”. Bastante probable, que ocurra algo similar con el edificio donde funcionó por décadas, el grupo Rajatabla. Los signos de comodato han acallado las voces de muchos grupos que hacían sus temporadas bajo algunos techos institucionales o grupales. La ventisca del subsidio y de lo que debe constituirse como compañía, asuntos y cosas a decir, parece que congela el accionar de los grupos sean “subsidiodependientes” o independientes.
La oferta en los espacios culturales bajo tutela del estado hacia el este ya no es la misma como la que se visualizaba hace unos tres o cuatro años atrás; incluso, el silencio parece estar doblegando el quehacer de las producciones de espacios y grupos hacia lo que ya era apenas perceptible en el oeste de la ciudad. Hay contracción de oferta; desasosiego entre creadores e incertidumbre en la dirección de grupos por lo que será a corto plazo, ese lugar “seguro” para mostrar el esfuerzo de sus productores.
Con todo, aún se percibe hacia el este de Caracas, espacios culturales como el Teatro Trasnocho, Celarg, Escena 8, y Luisela Díaz que parecen estar exponiendo en sus marquesinas una dinámica escénica que, quiérase o no, buscar ser normal dentro de los signos de contracción de estos últimos tiempos.
Y dentro de lo angustioso que parece enmarcar el ambiente para las compañías, grupos y productores independientes, surge de forma lenta pero segura, espacios teatrales con una nueva mentalidad, maneras de mercadeo, de ofertar lo que es el entretenimiento escénico y formas de promover / publicitar lo que allí ocurre. Me refiero a Teatrex en el Hatillo y, dentro de poco, la Sala del Colegio Francia hacia la zona de Los Dos Caminos.
¿Será la mano privada la que asuma las nuevas formas de mantener vivas las esperanzas por espacios que requieran un segmento de los grupos y artistas de la escena caraqueña para realizar, exhibir y ofertar sus trabajos creativos? Tendremos que esperar a ver cómo se dinamizará todo ello. No se debe obviar que, en la zona del centro oeste, el tradicional coso taurino de El Nuevo Circo ha abierto sus espacios y se formula una actividad multidisciplinaría, de corte popular y de libre acceso. Esperemos que también se consolide.
No es bueno ver que se cierren o se silencien los espacios teatrales de la ciudad. Es necesario que haya más lugares para que los hombres y mujeres que sienten la necesidad de expresarse a través del teatro puedan estar tranquilos a la hora de mostrar a los distintos públicos lo que es su esfuerzo artístico creador. ¡Ojala así sea!

Columna: Ser el otro

CHAT

Por Carlos Herrera

La dramaturgia de Gustavo Ott es una de las más inquietas y aguzadas del actual momento latinoamericano. Su insistente capacidad de otear los ángulos, las circunstancias y las visuales del comportamiento social e individual continúa plasmándose texto a texto. Perspicaz, agudo, inquisitivo con el tratamiento temático que de alguna u otra forma plantee al interrogantes es sinónimo de que existen elementos facturables para poder ser substanciados dentro un producto textual que, quiérase o no, servirá a otros (lector, público, artistas que se comprometan a escenificarlo) a generar diversos alcances reflexivos.

Uno de sus más recientes textos teatrales titulado Chat estuvo en la marquesina del Teatro San Martín de Caracas contando con la puesta en escena del director y actor, Luís Domingo González. En el programa de mano de este montaje se cuela la frase:”Sabrás la verdad y la verdad te hará un desesperado”. Aunque de autor anónimo parece convertirse en un portal para que un tentativo eje temático que puedo extraer de lo que fue la lectura como espectador, fluyese con cierto grado de coherencia: el tratamiento de lo perverso colectivo. Esta vez, explayado bajo la particular capacidad de Ott por tocar las sinuosas como sombrías fronteras entre lo que, en tiempos de globalización, se ha convertido en eso que es la comunicación instantánea. Una comunicación que propone entendidos distintos a los tiempos de hablar y ver al interlocutor cara a cara, donde uno ve, oye y siente que la palabra tiene y connota sentimientos, entendidos, insinuaciones tras el gesto del cuerpo, la manera de cómo se expresa lo verbal y hasta las maneras del intangible psicológico.

Estamos en la era de la comunicación pero que ha generado dos niveles: una real y otra virtual. Somos seres que demandamos estar en contacto con otros pero hay que salvar distancias, ganar tiempo al tiempo, sea bien por razones laborales, académicas u de ocio.

Ahora la soledad se allana con comunicación con otros en distintas modalidades: salones de chateo, sitios de flirteo, páginas personales y un sin fin de otras expresiones que la WEB coloca; desde salones de charla a espacios visuales personales como YouTube o Facebook. Lo cierto es que, la soledad y las ansias de comunicación instantánea fuerza a muchos a migrar a la aventura con lo desconocido.

Chat la podemos ver como un pretendido –aun no acabado- que ya ha sido discurrida por otros autores aunque sin que ello le reste validez. Ott recoge tras el argumento de Chat la bifurcación que va desde la manipulación psicológica a la seducción de nuevos comportamientos: ¿quién sabe que ocultos resortes están tras cada conversación que solo expresa en la pantalla un diálogo del cual no podemos comprobar su autenticidad?

Chat pudo ser más perturbadora sino hubiese sido por la ambición del dramaturgo de abrir demasiadas vertientes a la trama central. El inconciente colectivo que se opera en un salón de chateo hubiese sido puntual para focalizar esos lenguajes, modas, sentimientos, contradicciones, pulsiones y tejidos de conexión que se establecen entre los individuos. Es un universo muy complejo como para situar desde lo paroxístico manipulador ideológico, las trampas del engaño. La “poética de la víctima” pudo ser más delimitada y quizás su impacto sobre cierto segmento del receptor hubiese creado mayor contundencia.

La puesta en escena de Domínguez fue parca en el empleo de elementos escenográficos y en la creación de atmósfera. Colocó a los actores como puntos focales para que el discurso de la pieza fuese esencialmente lo que el espectador debía atender. Las actuaciones fueron justas y desde ahí hubo energía con la platea. Los trabajos de David Villegas y Carolina fueron comprometidos en componer sus papeles; Rubén León denotó entrega aunque pudo ser más orgánico en sus distintos papeles. Mariana Alviárez exhibió oscilaciones técnicas de voz y manejo corporal. Un espectáculo que pudo ser retrabajado con más empeño a fin de otorgarle firme ritmo teatral y deslastrarlo de movimientos excesivos.

EL VALOR DEL DIÁLOGO EN EL TEATRO

Por Carlos Herrera

Uno de los aspectos esenciales de la práctica teatral sea ésta derivada de una producción teatral o de un festival, muestra o encuentro es la capacidad de sostener diálogos con los creadores. Esta función de encuentro, conversación y debate tal y como lo afirma el investigador argentino se convierte en convivio sustantivo que ayuda a responder: ¿quién es quién? ¿cuál es el valor de una determinada experiencia escénica? ¿por qué un grupo o compañía teatral integra parte de la vitrina de un festival y otros no? y, hasta de poner a quien especta con quien crea a fin de abarcar un canal fluido y obligante.

Experiencia esencial; situación incomparable y complementaria que termina de armar el engranaje de aprehensión significante de lo que fue la recepción del espectador, del crítico o del investigador. Es termómetro que ayuda a medir la temperatura de las expectativas de un momento socio cultural sobre lo que se manifiesta como creación. De allí se ayuda a visualizar que el hecho escénico sea cual fuese su nivel de profesionalidad o, circunstancia de contextualización en el entramado de una población debe ser comprendido con múltiples miradas.

En el país, los espacios de diálogo entre creadores es casi inexistente. Salvo contados eventos que son algunos festivales, ámbitos de espera en salas, es posible hallar algo que se parezca a un centro polar para el intercambio entre artistas y su público -sea cual fuere su edad y grado de experiencia de uno y otro- y que desde allí establezcan el libre ejercicio de opiniones y de revitalizar la función esencial de conocimiento de uno hacia el otro. Es posibilitar ese reconocimiento que sitúa realidades a sabiendas de que cada día ella se complejiza y parece irse confinando a la virtualización que de por sí, es antinatural porque le resta ese calor de encuentro y diálogo vigorizante.

El diálogo entre los artistas y el público parece tener más oxígeno en otras latitudes. Los festivales internacionales han sido la mejor expresión de ello. El foro ha sido uno de las puertas más dinámicas para crear debates plenos de elementos para armar esas obligadas ventanas que muestra la médula de los criterios, que apuntala las percepciones y reconcentra las ideas sobre visiones, estéticas, conceptos y tendencias.

En ese intercambio, fluyen y confluyen como dije, las ideas dado el innegable interés por dilatar el horizonte de la palabra desde la presencia que va desde el dramaturgo al actor, del productor al director en franco encuentro con ese receptor anónimo pero nunca obviado: el público. Espectadores que son nervios eléctricos en la tribuna del foro para darle sentidos al diálogo que se establecerá y desde esa sinapsis, construir el poder de discursos que tonifiquen la dinámica de lo sociocultural. Si el alcance de un verdadero foro-diálogo se difunden en todo el amplio espectro de medios impresos, audiovisuales y cibernéticos, pues, ¡ganancia para todos!

Es un hecho incuestionable que sea bien por medio de los grupos y hacedores escénicos que esta imperiosa necesidad por establecer diálogos permanentes y no puntuales sean las base apara apuntalar desde la vida institucional de un grupo a la creación de un tejido reflexivo desenfadado y provocador en el cual, preguntas, respuestas, pensares y sentires se conjuguen en una vitrina que debe complementar la práxis y luego el sostenimiento de una memoria.

No basta con el hecho de crear y mostrar, de mostrar y esperar a que alguien vaya a ver. Se requiere generar decenas de cuadrículas de diálogo que consoliden la dimensión del agregado de valor de la significación / trascendencia que se intuye de un lado y de otro pero que solo en el diálogo se constata luego de la representación: Es allí que esa mirada de universos que constituyen el ritual de lo escénico en conjunto con el universo disímil de quien lo recepciona hace que adquiera sentido la conciencia entorno a la realidad y presencia del arte como bisagra vital del tiempo actual.

Un foro permanente donde el diálogo sea constante es espacio que ayudaría a construir mejores ejes para la reflexión y posibilitar las coincidencias de encontrarnos horizontalmente para seguir sumando la rica experiencia de conocernos desde cada ángulo del hacer y del espectar.

TEATRO INFANTIL EN LA ENCRUCIJADA

Por Carlos Herrera

Sobre el quehacer escénico para niños y adolescentes se dice poco y se analiza menos. Es curioso detallar que esta actividad tiene múltiples facetas que lo estructura. De hecho, para casi todos el que se dedique al arte de Thespis que da por sentado que el teatro para niños (as) es una disciplina exigentes tanto en lo propio de su escritura como lo inherente a su praxis.

Siendo exigente y delicado su asunto, son pocos los profesionales que pueden lograr alcanzar resultados satisfactorios cuando se trata de conjugarlo bajo la fórmula de un espectáculo. No se trata de que el teatro para la infancia y la juventud sea cuestión de una alta preparación sino ese sentido de tener intuición, perspicacia, ponderación y equilibrio a la hora de comprometerse en la búsqueda de un determinado proyecto sea este dramatúrgico o de puesta en escena.

Al mirar lo que se exhibe semanalmente en las marquesinas de los teatros que hacen vida en Caracas uno cae rápidamente en cuenta de algunos aspectos inquietantes: uno, es que hay una ausencia notoria de una sólida dramaturgia orientada al segmento infantil como juvenil. Otro, que el actual sistema de producción teatral está cada vez más marcado por un sentido de lo espectacular pero obviando un sentido lúdico de significación traducible en temáticas que dejen un mensaje sobre problemáticas que influencian la relación del niño – sociedad y/o del factor del infante (o joven) con problemáticas propias de su individualidad, con el entorno sociocultural y hasta con las consecuencias de las realidades que un mundo globalizado y cambiante tiene sobre él.

El teatro infantil debería propender a ser instrumento de comunicación, factor de arte que ayude a orientar formas y entendidos de hacer aprehensible una realidad que cada día se va diversificando de forma alarmante. No es que hay que formalizar temas y argumentos en lo dramatúrgico que sean canales alarmistas para colocar el impacto de la influencia de lo mediático o las mutaciones de que uno creía monolíticos paradigmas morales o que apunten a señalar los resquicios que sufre la comunicación entre los individuos sean estos mayores o pequeños sino que por lo menos, intente hacer de lo dramático escénico un eje para discurrir los alcances (positivos o negativos) de tales circunstancias.

Hoy día vemos que la comprensión que tenemos de el sujeto niño (a) es cambiante. No es lo mismo un chico que tiene entre 8 y 13 años de hoy que está inmerso en lo lúdico con instrumentos de comunicación que incomunican (que puede ir desde el empleo de la Internet con sus infinitas variables al uso de Ipods y juegos ultra sofisticados) que la actual infancia ha venido manipulando por lo menos desde los últimos diez años. Instrumentos tecnológicos de entretenimiento y comunicación que hace dos décadas atrás no estaban tan presentes. Eran tiempos donde aun la tradición cuentística, la oralidad familiar y del entorno educativo estaba con poder, que el empleo de la palabra y los signos significantes de disciplinas como la música, la danza o la plástica abrían canales para el crecimiento de lo cognoscitivo y muchas de la veces estaban en comunión con el teatro. Hoy por hoy cada vez más se impone el callado culto a la indolencia y la reverencia a la apatía tras lo que aparenta ser los signos de la modernidad tecnológica.

El niño (a) de estos tiempos iniciales de la primera década del s. XXI parece estar siendo alejado de medios efectivos para una sana, clara y aceptable formación espiritual. Incluso, las fórmulas de lo espectacular teatral no le ofrece sino contenidos vacuos, superfluos y banal en cuanto a formas y contenidos. Se da valor a cierto grado de hedonismo transculturizado que hacer énfasis en la recapitalización de lo propio. Juegos y teatro parece estar crispados no por algo esencialmente positivo que ayude a la formación de individuos que en el futuro sean capaces de modificarse y modificar el entorno social donde están insertos sino una especie de autómatas perfectamente entrenados a alejarse de la sensibilidad, el amor hacia el entorno, desinteresados de una cultura propia y hasta podría decirse que mientras más desligados del valor del amor y la tolerancia (sea hacia la naturaleza o el prójimo) parece que responde a una singular manera de conformar otra clase de sociedad que aun en Latinoamérica no es natural.

El teatro infantil que veo en las carteleras de Caracas (con honrosas excepciones) están armados sobre un tinglado cuyas capas exteriores se detallan con facilidad: el acento del show business que se enviste de oficio engañoso y que pretende vender valores alejados de la sencillez, el entrenamiento de estereotipos de imagen tras un acto de esparcimiento que modifica las bases del grupo familiar y que posiblemente su anhelo sea pasar un buen rato recibiendo mensajes agradables y a la vez constructivos pero que ahora está empacado con la figuras de la TV y ello hace que el medio sea el mensaje y, por último, que los temas / mensaje de lo que se pretende proyectar a la recepción sean hegemónicos con el fin de modificar sin justificar.

El teatro para niños y jóvenes en Venezuela está en una particular encrucijada. Hay talentos, artistas, grupos, directores, dramaturgos, actores, diseñadores y creadores de variadas ramas que si se organizan y reflexionan sobre ¿cuál es el auténtico teatro que nuestra infancia y juventud debe tener?, pues veríamos en cuestión de pocos tiempo, que la salida será sorprendente. Esa en una de las mejores apuestas para darle la mejor de las opciones a la generación social que está creciendo bajo el sol de esta década de un nuevo siglo.

Columna: Ser el Otro

Colaborador: Carlos E. Herrera


APUNTES PARA UNA CRONICA DE VIAJE: CADIZ 2008
Dentro del amplio espectro de eventos dedicados a exhibir la realidad escénica europea en la actualidad, hay que afirmar que existe una vitrina del alto valor artístico en suelo español. Un punto referencial que por más de dos décadas ininterrumpidas y de forma indiscutible se ha convertido en vibrante espacio para que el teatro gestado dentro del múltiple abanico de países que constituye tanto la América de habla española y portuguesa así como España y Portugal se ha conformado como puerto seguro para los amantes del oficio de Thespis y que es, sin duda alguna, el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz (España), el cual este año se celebró del 14 al 25 de octubre en tierras de Andalucía.
Evento plural. Fiesta dinámica. Encuentro dispuesto para el asombro, la discusión, el intercambio, la reflexión, el análisis, la crítica y por años ha tenido abiertas las puertas de espacios como el Gran Teatro Falla, las salas Batillo y Tía Norica (situadas en el monumento histórico del Baluarte La Candelaria) así la Sala Central Lechera pero también diseminado en focos públicos de esa mágica urbe como los que están por ejemplo, aledaños a la plazas de la Gran Catedral de Cádiz, la Plaza San Antonio o en el majestuoso edificio del Ayuntamiento gaditano. Un espacio y un tiempo que permitió a locales e invitados de diferentes latitudes a hermanarse dentro de un espíritu alborozado que se abrió a estar expectante ante lo insólito sea bien bajo la claridad vespertina del cielo mediterráneo o dentro de la magnificencia de edificaciones que articulan ese todo urbanístico que uno percibe con la plena certidumbre de ser soberbio y ala vez acogedor y que insufla de especial brío tanto al artista, el espectador, al académico o al transeúnte que por razón de habitar la ciudad en sus faenas diarias o para el turista de paso en un continente acrisolado por tradición de siglos pero marcado por la audacia de la celeridad del mundo contemporáneo.
Asistí como invitado especial (lamentablemente, el único venezolano ya que por espacio de dos años no ha habido presencia de agrupaciones ni de delegados ponentes) a la realización de la vigésima edición del Festival Iberoamericano de Teatro que se celebra en la urbe andaluza de Cádiz, España. Lo singular y lo sorprendente se acrisolaron en un lapso de doce días donde teatro, danza y música capturaron la mirada de quienes comprenden que el arte sigue siendo puente para transformar y deleitar con extraordinarias fábulas producto del vistoso despliegue artístico, estético y técnico exhibido por decenas de grupos nacionales y foráneos que convergieron a esta nueva cita del teatro iberoamericano gaditano.
Las delegaciones teatrales y dancísticas tanto latinoamericanas, lusa como españolas conformaron una vibrante cantera de posibilidades plena de disímiles discursos y fábulas que indicaron que más allá de la separación geográfica de donde proceden tienen en su fondo ejes convergentes que accionan una confrontación siempre dialéctica, siempre capaz de sintonizarse bajo criterios concordantes y de no hacer distingos entre la visual de la creación muros que separen sino caminos de encuentro. EL FIT- Cádiz 2008 aglutinó una vez más, la convergencia de esos horizontes creadores y permitir validar entre unos y otros, el ímpetu de riesgo que busca romper con lo tradicional o que este último se reafirme con sentido propio ya que ha sabido oxigenarse a pesar de contar con ya muchos siglos de edad.
Entre lo múltiple de esta fiesta para los sentidos pude cotejar espectáculos gestados por colectivos provenientes de Argentina (grupo Voalá, Cía. Espectáculos Aéreos con el admirable “Voalá” de Roberto Strada que maravilló a una amplia concurrencia con ese toque experimental como audaz armado en una especie de tío vivo humano, donde un vértigo coreográfico se trasmutase en metáfora para “personajes turbados por la rutina”. Un ballet aéreo que tocó el cielo y el alma de quien lo contempló.
Colombia, gracias al compacto trabajo teatral ofrecido por el grupo A los ojos del hermano Eterno con dramaturgia y dirección de Manuel Orjuela Cortés expusieron a través del montaje “Simplemente el fin del mundo” que con decantada sapiencia de ritmo actoral, un aplomado sentido dramático y fuerza de atmósfera para hilar tema entorno de la ausencia y de una familia marcada por la incomunicación que las palabras, los gestos y un lenguaje apuntalado en imagen significantes hace que surja ese estado íntimo entre el universo de odios y distancias pueda ser vencido por la esperanza. Por su parte, la joven Fundación Chiminigagua pletórica de con sangre juvenil, asumió tanto en la arena del mar su ceremonial “Rituales de lo primitivo a lo moderno” pero también capturó con su frenético “Pasacalles y parada acrobática teatral zancos en patines” al caminante desprevenido. La delegación peruana asumió bajo una coproducción con Finlandia su propuesta “La señorita de Cádiz” la cual dejó algo estupefactos a los concurrentes debido a que esta comedia de tono nostálgico no pudo ser aprehendida más allá del esfuerzo histriónico dado. También estuvo el afamado colectivo Yuyachkani de creación colectiva quienes expusieron sus trabajos de investigación centrados tanto en el universo de lo ceremonial campesino (“Rosa Cuchillo”) o en el afiligranado “Kay Punku” que sería como “Esta puerta, Ayer, Hoy, Mañana” donde se denunció las agresiones de género de que fueron objeto las féminas campesinas en un terrible periodo de represión política cuando se fueron violadas y sus hombres e hijos muertos por la inconciencia de la bota militar. Trabajo de carácter performántico, imbuido de hondo sentido poético y a la vez de indagación ideológica que supo elevar la denuncia para que no olvidemos esos horrores.
Ecuador con la presencia monumental del grupo Malayerba con la producción “Bicicleta Lerux, Apuntes sobre la Intimidad de los Héroes” escrita, dirigida (y actuada) por el célebre dramaturgo Arístides Vargas fue un espectáculo sincero, pleno de aristas poéticas, algo extendido en su la forma discursiva, armado sobre el periplo del héroe homérico, Ulises en su retorno a la legendaria ciudad de Ítaca donde su mujer, Penélope, teje y desteje en la espera. Un juego de relaciones entre lo ficcional legendario y un viaje hacia lo humano; y, sin embargo, un relato dramático nunca geográfico, sino sustanciado en que la tragedia del ser es retornar a la memoria del afecto y evitar que las emociones se trasmuten en desapegos. Montaje que, en lo personal, se cautivó a pesar que dividió el gusto de la platea de de buena parte de los críticos asistentes.
Costa Rica con su minimalista puesta “Trigal con cuervos” del autor y director, Luís Fernando Gómez asumió un relato no biográfico del pintor impresionista holandés, Vicent Van Gogh; compacto en el uso espacial, correcto en la conformación dramática de los últimos días de alucinada lucidez del artista y encarnado con sobriedad por dos histriones que sin ampulosidad y sincero sentido de la escena, hicieron lo suyo para ofrecer al espectador una visión sincera del valor del arte y del ser humano. La delegación uruguaya, representado por el colectivo Teatro La Gaviota asumió bajo la aplomada dirección de Mario Morgan, el texto teatral de una joven dramaturga sueca Cristina Herrström titulado “Erling”. Trama un tanto tirada hacia los laterales del absurdo pero sostenida con maestría actoral y técnica decantada por artistas de la talla de Juver Salcedo Lilián Olhagaray y Félix Correa. España ofreció en la inauguración de esta fiesta en el Gran Teatro Falla, el montaje “Argelino. Servidor de dos amos” versión libérrima realizada a dos manos por Andrés Lima y Alberto San Juan para la obra clásica de autor del s. XVIII, Carlo Goldoni y que el grupo Animalario en coproducción con Teatro La Abadía bajo la puesta en escena Andrés Lima concibieron un juego entre las fórmulas clásicas de la comedia del arte y lo contemporáneo a fin de urdir una profunda reflexión sobre el problema de la inmigración y sus consecuencias, sean estas relativas al desarraigo cultural, a la soledad o de dominación, hambre y miseria. Montaje consistente, plástico en su visual y aceitado en la respuesta actoral que también dividió el gusto de la platea y la crítica.
Debido a que hubo mucho que ver (10 países y más de 25 espectáculos) solo concluiré estos breves apuntes (crónica de viaje) dando un sincero aplauso al trabajo teatral ofrecido por el grupo gaditano, Albanta que dirigido por José Bablé Neira de forma mesura y tino escénico / dramático ofreció con un distintivo sello de calidad tanto de escenificación como de respuesta actoral (Charo Savio y Ángeles Rodríguez) la pieza de Arístides Vargas, “Flores arrancadas a la niebla”. Pieza constitutiva de uno de los ciclos del exilio. Metáfora de un viaje hacia la “otredad” para dos mujeres distintas e iguales y no un viaje hacia geografías por placer o escape sino trayecto hacia un mundo interior donde esos seres, desarraigados de si, buscan saber que viven yy seguirán viviendo en su dolor, anhelo y esperanza. Montaje compacto, sutil y hermoso que emociona por su contundente capacidad de decir cosas.