ESPACIOS TEATRALES

Por Carlos Herrera
El teatro caraqueño está viendo cómo sus espacios donde tradicionalmente se ha efectuado la difusión / exposición del quehacer escénico ha venido contrayéndose en lo que fuesen las instituciones culturales consabidas por el gran público. Y, sin embargo, también hay un hálito en el surgir de otros ámbitos pero con variables que empiezan a reconfigurar lo que quizás a un tiempo muy corto sea otro paradigma del donde consumir teatro “comercial” o de “arte”.
Para nadie es un secreto lo que ha ocurrido con las salas del desaparecido Ateneo de Caracas; menos aún, del destino del Teatro “Alberto de Paz y Mateos”. Bastante probable, que ocurra algo similar con el edificio donde funcionó por décadas, el grupo Rajatabla. Los signos de comodato han acallado las voces de muchos grupos que hacían sus temporadas bajo algunos techos institucionales o grupales. La ventisca del subsidio y de lo que debe constituirse como compañía, asuntos y cosas a decir, parece que congela el accionar de los grupos sean “subsidiodependientes” o independientes.
La oferta en los espacios culturales bajo tutela del estado hacia el este ya no es la misma como la que se visualizaba hace unos tres o cuatro años atrás; incluso, el silencio parece estar doblegando el quehacer de las producciones de espacios y grupos hacia lo que ya era apenas perceptible en el oeste de la ciudad. Hay contracción de oferta; desasosiego entre creadores e incertidumbre en la dirección de grupos por lo que será a corto plazo, ese lugar “seguro” para mostrar el esfuerzo de sus productores.
Con todo, aún se percibe hacia el este de Caracas, espacios culturales como el Teatro Trasnocho, Celarg, Escena 8, y Luisela Díaz que parecen estar exponiendo en sus marquesinas una dinámica escénica que, quiérase o no, buscar ser normal dentro de los signos de contracción de estos últimos tiempos.
Y dentro de lo angustioso que parece enmarcar el ambiente para las compañías, grupos y productores independientes, surge de forma lenta pero segura, espacios teatrales con una nueva mentalidad, maneras de mercadeo, de ofertar lo que es el entretenimiento escénico y formas de promover / publicitar lo que allí ocurre. Me refiero a Teatrex en el Hatillo y, dentro de poco, la Sala del Colegio Francia hacia la zona de Los Dos Caminos.
¿Será la mano privada la que asuma las nuevas formas de mantener vivas las esperanzas por espacios que requieran un segmento de los grupos y artistas de la escena caraqueña para realizar, exhibir y ofertar sus trabajos creativos? Tendremos que esperar a ver cómo se dinamizará todo ello. No se debe obviar que, en la zona del centro oeste, el tradicional coso taurino de El Nuevo Circo ha abierto sus espacios y se formula una actividad multidisciplinaría, de corte popular y de libre acceso. Esperemos que también se consolide.
No es bueno ver que se cierren o se silencien los espacios teatrales de la ciudad. Es necesario que haya más lugares para que los hombres y mujeres que sienten la necesidad de expresarse a través del teatro puedan estar tranquilos a la hora de mostrar a los distintos públicos lo que es su esfuerzo artístico creador. ¡Ojala así sea!

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