Memoria Errante de Cristina Falcón Maldonado

Por Astrid Lander

La poeta venezolana Cristina Falcón Maldonado nos trae desde la distancia el poemario Memoria Errante, publicado en España por la Editorial Candaya, la cual siguiendo el dictado quijotesco, apuesta para ganancia de la poesía venezolana.

Desde que vemos la portada del libro, nos detenemos en el hermoso detalle esquinado: un diseño gráfico, a manera de ilustración plástica, de un sello postal de Venezuela con el rostro de Teresa de la Parra. Así, Cristina Falcón Maldonado aboga por seguir escribiendo cartas en papel, con la espera y la alegría de recibir las cartas de su país.

En Memoria Errante, la poeta escarba en su origen andino, el páramo trujillano, como la clave para volver al germen, donde comenzó todo: “Nacer y morir. / Regresar / por las calles de la infancia / cada día. / Mis calles llevan / fechas / que asigna la memoria”… La tierra del alma es la semilla germinada, …“sortijas de tierra / del barro que soy…” escribe la poeta, como si contestase a la misma Teresa de la Parra cuando decía “por una poquita de tierra”.

Es la nostalgia a vencer, aceptada como tal: “Voy a salvarme de esta derrota / cada miércoles / cada diciembre / si es que la memoria / no se ha ido contigo”. Memoria que anhela prolongar en el futuro, como legado: “Mis hijos no llevan / el páramo en el alma. / Qué memoria será / su memoria…” Un futuro que al final habrá sido perdonado: “la certidumbre / de que nada coincidía / con lo imaginado”. Más aún: “Fuimos otros / no fuimos lo esperado”.

Siempre los viajes nos revelan el Ser. Es sabido lo que el desplazamiento físico genera en el espíritu, la extrañeza con uno mismo. Partir devela un replanteamiento vital, la despedida y la bienvenida a lo nuevo, que se carga con lo que dejamos atrás. Mas, en ese tránsito algo late, una pausa de decisión de vida en la cual la distancia alberga al unívoco los cuatro puntos cardinales: “somos un regreso pendiente en todas partes”.

“Hay lejanías más lejanas / tierras inhóspitas para la memoria…” De pronto España pareciera más lejana que Australia, y es el espacio del corazón que aleja. Como sentencia la poeta en el último verso de este poema XXIII: “Por qué hemos ido tan lejos… (…)… si hay lejanías menos lejanas”.

Y volver, como dice el tango, es el reencuentro: “Volver / aunque sea / a la casa del dolor”. “Pero nos empeñamos en volver”, leemos en otro poema en esta parte, que a manera de capítulo, denomina Regresos: “para que aguante / entre el abrazo / y los adioses”.

La poeta cosmopolita defiende: …“No dejaré de ser / errante / forastera / hasta que regrese al único lugar / en el que no tengo que volver la cabeza al escucharlo”. Allí queda la posesión del lugar de uno, el patio de uno. Así, la bendición y la salvación de la memoria: “Pedimos a la memoria que nos asista”.

Este poemario lleva como caracol la palabra y la imagen de lo errante, el hogar portátil: “Voy por la calle / como por la casa / como por la vida”.

Junto a ello viajan: “sobre el verde imposible / de los frailejones”… “Agua dulce / caña de azúcar / piedra azul del río”…“Nosotros los huérfanos / de la acacia, el sisal y el yagrumo”…

Desde allí, el epicentro del poemario podemos hallarlo en este poema: “No menciones / la memoria / porque en ella pueden encontrar / ese reflejo / al que han decidido tirarle una piedra”. El verso final le da el giro a todo, a la contradicción de las bifurcaciones, de las decisiones, las dudas y los altibajos y sobre todo, la búsqueda del lugar del corazón infante, del pasado que enaltece la memoria: “Vengo de la memoria / allí tengo mi zaguán / mi taza de peltre / mi vacío asomado desde el poyo de la ventana”…

Así la poeta ratifica la memoria: …“la que firma la condena y la constancia / de lo que seguimos siendo”.

Con la partida y la llegada “cuando los nombres no nos pertenecen” uno se carea con la soledad, “Uno aprende / a estar solo / o lo que es peor aún / a creer que ha aprendido”, y alberga con el empeño de “querer dormir / viendo bajar la neblina / oyendo pájaros conocidos”.

Cristina Falcón Maldonado ha escrito un poemario con un lenguaje limpio, puntual, audaz y sensible. La experiencia de vida puede marcar la orientación de un poeta, mas, se trata de hacerlo arte, como en efecto poetiza con este tema de la distancia como una distancia por dentro, en el que examina de dónde se viene, quién se es y adónde se va, del origen y el sino, el cual representa en la lejanía, la partida y sus regresos, la deriva y la vida en otra parte. Porque las latitudes no son geográficas sino espirituales.

Para que el lector atienda a esta sensibilidad y a través de la musicalidad poética adentre directamente al lenguaje de los sentimientos, allí donde captamos y llegamos al íntimo Ser.